Origen y Contexto
de la Obra

El Rey Enrique I, cazador de pájaros
Le leyenda de Lohengrin

Descubriendo a Lohengrin

Wagner se interesó por el tema de Lohengrin por primera vez durante su estadía en París, donde había leído un artículo sobre el poema épico escrito por el profesor Lucas, uno de los académicos de la Universidad de Konigsburgo. Más tarde recordaría: “un mundo nuevo se abrió delante de mí, y creí que en aquel instante no podría encontrar la forma para concebir a este Lohengrin, mas su imagen persistió inextinguible dentro de mí”.

No fue hasta el verano de 1845 que Wagner se concentró en el tema. Estaba completamente extenuado por su trabajo como director en Dresden y su doctor le había ordenado reposo. Wagner decidió descansar en la ciudad balnearia de Marienbad. Llevó con sigo su lectura de verano, los poemas “Parzival” y “Titurel” de Wolfram von Eschenbach, y el anónimo poema épico alemán Lohengrin. Más tarde, Wagner rememoraría que cuando comenzó a leer Lohengrin, “allí, de repente, apareció ante mis ojos un Lohengrin completo en cada detalle del contexto dramático; particularmente la saga del cisne, que envuelve rasgos tan significativos del conjunto de mitos que estudié y conozco, ha ejercido una enorme fascinación en mi imaginación”.

Intentando relajarse y decidido a evitar componer, Wagner luchó duramente contra su fascinación. Intentó sacar a Lohengrin de su mente jugando con la idea de una nueva comedia sobre el tema de Los maestros cantores de Nuremberg. Ya que era un tema cómico, Wagner pensaba que podría realizar los esbozos sin necesitar mucha energía. Acabó escribiendo un boceto completo de lo que se tornaría Die Meistersingers von Nürnburg.

Mas ni siquiera los mismos Meistersingers pudieron evitar que Wagner pensase en Lohengrin. Wagner escribió que un día, mientras se bañaba en Marienbad, “fui súbitamente aprehendido por un deseo tan poderoso de transcribir Lohengrin al papel que, en vez de quedarme en mi bañera durante el tiempo requerido, salí impacientemente después de algunos minutos y, sin darme tiempo para vestirme, corrí como loco hacia mi aposento para escribir aquello que estaba apremiando mis pensamientos”. Varios días después, Wagner completó un detallado esbozo de Lohengrin. Su doctor lo consideraba un caso perdido; Wagner algunas veces se excitaba tanto que pasaba la noche deambulando en vez de dormir.

Wagner estaba obsesionado con un número de ideas básicas que desarrolló, adaptó y combinó a lo largo de su carrera. Ideas musicales, filosóficas, místicas y mitológicas formaban una compleja tela de conceptos relacionados en su imaginación. A menudo, el compositor cambiaba de opinión sobre el significado de una imagen o historia favorita a medida que sus conceptos filosóficos y políticos evolucionaban. El tema central de Lohengrin estaba libremente relacionado con el de Tanhäuser, una ópera anterior. El autor del Lohengrin medieval alegaba que su poema había sido inventado por Wolfran von Eschenbach (quien se tornó uno de los personajes en Tanhauser) en la famosa competición que inspirara el segundo acto de Tannhäuser. Con Lohengrin, Wagner comenzó a trabajar con un símbolo que lo fascinaría por el resto de su vida: el Santo Grial. Tanto es así que su última ópera, Parsifal, se centra en el padre de Lohengrin, el misterioso Rey del Grial.

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