Origen y Contexto
de la Obra
La Traviata
Algunos datos sobre La TraviataLa Violetta real: Alejandro Dumas hijo y Marie Duplessis
La Traviata , Verdi y Strepponi
Durante los años en que Verdi estuvo trabajando en La Traviata, se enfrentaba a una situación personal paralela a la de su proyecto: su relación con Giuseppina Strepponi, antigua prima donna. Antes de que se casaran, las gentes del pueblecito italiano donde vivían veían inmoral y vergonzosa su convivencia. Su vida juntos (que se prolongó durante más de cincuenta años) influyó en una de las óperas más trágicas de todos los tiempos.
Verdi y Strepponi se conocieron en 1839, cuando Giuseppina era la heroína de Milán y Verdi un joven compositor prácticamente desconocido. Su amistad se estrechó cuando la soprano, que conocía al empresario de La Scala, consiguió que se estrenara Oberto, la primera ópera de Verdi. En aquel momento, Verdi estaba felizmente casado con Margherita Barezzi, con quien tenía dos hijos. Pero la muerte golpeó a esta familia, y cuando Verdi regresó a Milán después de haber visto morir primero a su hija, luego a su hijo y por último a su amada esposa, aceptó agradecido el consuelo espiritual que le ofrecía Strepponi, una mujer de gran sensibilidad y profundos sentimientos.
Cuando su voz empezó a declinar, Strepponi se retiró de los escenarios de ópera y se trasladó a París. Verdi siguió en Milán hasta junio de 1847, cuando llegó a París, camino de Londres para el estreno de I masnadieri. No se sabe si Verdi y Stepponi iniciaron allí su relación, o si en realidad ésta ya había comenzado en Parma años antes, en 1843; pero su vida en común se inició, como la de Alfredo y Violeta, en un apartamento de París en el verano de 1847.
Verdi encontró con su "Peppina" una felicidad que casi había olvidado. Era una compañera encantadora, inteligente, sensible, culta, espléndida lingüista y "la parisienne parfaite", como la llamó un famoso editor parisino. La pareja frecuentaba los salones más importantes, donde la popular soprano, que ya no cantaba en teatros pero sí lo hacía soberbiamente en pequeñas reuniones, interpretaba la música de Verdi y hacía al compositor aún más conocido en París de lo que ya lo era. Pero la pareja pronto se cansó de la vida pública, prefiriendo la intimidad de la vida campestre. Dejaron la ciudad como Violetta y Alfredo, de nuevo y tomaron una pequeña casa de campo en Passy, donde estar los dos solos.
La pareja siguió en Passy, enamorados el uno del otro y de la vida en el campo, hasta que las noticias de las revoluciones inquietaron al patriótico Verdi, que decidió volver a Italia. Verdi y Strepponi prepararon su hogar en Sant'Agata, donde el músico compró una casa, y ambos volvieron a su tierra natal a comienzos de agosto de 1849.
El idilio parisino terminó, pero no la "Traviata" de la vida privada de Verdi. Al igual que los amantes de la novela de Dumas, Verdi y Strepponi tuvieron que enfrentarse a la rigidez de las normas morales. En Busseto, la cerrazón de los italianos de provincias los obligaba a esquivar virtuosamente a la Violetta de Verdi: la dejaban sola en el banco de la iglesia, la evitaban ostentosamente en la calle. Los chismes aseguraban con la satisfacción de quien se cree mejor que la salud de Giuseppina era un piadoso castigo de Dios, sin duda alguna.
De repente, Verdi se vio atacado por todos los flancos por diversos "Germont padres", tanto masculinos como femeninos. A todas las murmuraciones, a la mayor parte de las críticas a la cara, Verdi hacía oídos sordos. Increíblemente indiferente a cuantos le rodearon durante toda su vida, la opinión pública ni preocupaba ni ocupaba al reservado compositor, y menos aún la estrecha mentalidad de la gente de aquel pueblo.
Verdi escuchó sólo la censura de un hombre: su amigo y benefactor Antonio Barezzi. Padre de la primera esposa de Verdi, Barezzi era como un padre para Verdi, y cuando le reprochó exhibirse en público con su amante (ésta era la opinión de los campesinos, porque en realidad Verdi y Strepponi hacían vida de reclusos), el anciano Barezzi provocó una de las cartas más largas que Verdi escribiera jamás; y la más importante también, porque revela lo que Verdi pensaba en aquella época, y es una carta que también Alfredo Germont podría haber escrito a su padre. Con fecha de enero de 1852 y remitida desde París, la carta se publicó por primera vez en la Copialettere di G. Verdi:
"Vives", dice Verdi en su carta a su benefactor, "en un lugar donde existe la mala costumbre de meterse a menudo en los asuntos de los otros y desaprobar cualquier cosa que no se adapte a sus ideas; yo normalmente no me entrometo en los asuntos de los demás si no se me llama, precisamente porque insisto en que nadie se entrometa en los míos...
"No tengo ningún problema en levantar el telón y revelar así los misterios encerrados en las cuatro paredes de mi casa, y contarte mi vida en ella. No hay nada que ocultar. Conmigo vive una mujer libre, independiente, amante como yo de la vida solitaria, con una fortuna que la protege de toda necesidad. Ni yo ni ella debemos a nadie una explicación de nuestros actos; pero además, ¿quién sabe qué relación hay entre nosotros? ¿Qué asuntos? ¿Qué derechos tengo sobre ella, y ella sobre mí? ¿Quién sabe si es o no mi esposa?... ¿Quién sabe si eso es bueno o malo? ¿Por qué no podría incluso ser bueno? Y si fuera malo, ¿quién tiene derecho a lanzar maldiciones?"
"¿Quién sabe si es o no mi esposa?", pregunta Verdi. Pero lo cierto es que en 1852 -y durante algunos años posteriores- Strepponi no fue la esposa de Verdi. Se han apuntado diversos motivos para la innecesaria prolongación de su vida como amantes.
Ningún "Germont padre" se interponía entre ellos, y ninguno de los dos estaba casado. ¿Qué fue, pues, lo que les impidió casarse? El remordimiento de Giuseppina parece haber sido el principal obstáculo entre ellos; no parece excesivo decir que tenía un "complejo de Violetta", si es que tal cosa puede existir. De naturaleza humilde y sufrida, Strepponi también amaba La Dama de las Camelias de Dumas, que había leído cuando se publicó en 1848. Junto a Verdi había visto la primera presentación en París en febrero de 1852, en el Vaudeville Theatre.
"Oh, Verdi mío", escribió Giuseppina en una carta muy emotiva, "no te merezco; tu amor es un regalo, un bálsamo para un corazón muchas veces muy triste bajo su aparente felicidad. Sigue amándome, ámame incluso después de muerta, cuando me presente ante la Justicia Divina llena de tu amor y tus oraciones, ¡Redentor mío!". Incluso un oído de aficionado puede reconocer en la "Continua ad amarmi, amami, anche dopo morta" de Strepponi el eco desgarrador no de Marguerite Gautier, sino de Violetta Valéry.
Violetta no es Marguerite Gautier, quien guardó rencor, incluso en su arrepentimiento, contra "el inflexible mundo". Violetta es Giuseppina Strepponi, humilde, contrita, adoradora de su redentor. Musical y verbalmente, Violetta es más delicada, más inteligente, más sensible que la susceptible cortesana de Dumas. El drama de Violetta es un drama de amantes, no el de un joven galán que busca que le presenten a una amante profesional. El mundo de La Traviata es el París de Giuseppina de 1847, no el de Marguerite. El salón es un salón de amigos; Flora es una compañera, no una alcahueta.
Strepponi ejerció cierta influencia en la preparación de Traviata. Sin duda, ella es responsable del parecido de Violetta con ella. Una carta del 3 de enero de 1853 indica que Giuseppina participó en la composición de la ópera, elogiando aquí, dudando allá y, por citar a un crítico, "invocando la atmósfera que mejor respondía a sus sentimientos".
También el libretista Piave conocía bien la situación de Verdi y Strepponi. Cuando escribió La Traviata, sustituyó el cinismo por el verdadero sentimiento, y al escribir la atroz línea de Germont "Il passato, perchè perchè v'accusa?", bien podría haber pensado en Strepponi, acosada por el remordimiento, cuyo pasado la acusaba, un pasado que incluía dos hijos ilegítimos.
Que Giuseppina notara una especial afinidad con Marie lo sabemos por sus cartas, en las que se refiere a su admiración por la novela. En su miedo a la tuberculosis, a la muerte, al brazo castigador de Dios, se aproxima a la figura de Marie-Marguerite-Violetta. En una de sus cartas, con fecha del 2 de marzo de 1853, firma "Il tuo povero Livello", frase de asombroso sentido. El sustantivo italiano "Livello" hace referencia a una propiedad en alquiler temporal, y parece haberse empleado para aludir a una mujer o cortesana bajo la protección de un amante, cuyo "Livello" sería ella.
En el 29 de abril de 1859, Verdi y Strepponi se casaron en la Saboya italiana en una ceremonia celebrada por el abad Mermillod, poniendo fin así a la pesadilla de su propia historia personal de La Traviata.top of page