Origen y Contexto
de la Obra
Grand Opéra y La JuiveEl contexto histórico de La Juive
Constanza y el Sacro Imperio RomanoEl Concilio de Constanza
Los cristianos y los judíos durante la época de La Juive
Constanza y el Sacro Imperio Romano
Constanza (Konstanz), Alemania, se sitúa a las márgenes del Lago Constanza, cerca de Suiza. En 1414, año en que está ambientada la ópera La Juive (La Judía), Constanza formaba parte del Sacro Imperio Romano. En aquel período, el Sacro Imperio Romano era una de las mayores potencias europeas, abarcando Austria, Alemania, Praga, Florencia, Milán, partes del sur y este francés, Bruselas y Holanda.
El imperio, centrado en Alemania y Austria, fue así bautizado para situarse como heredero de Carlomagno y del Imperio Romano. El Sacro Imperio Romano era feudal: su territorio estaba dividido en un determinado número de regiones, cada una gobernada por un poderoso príncipe o señor feudal. Bohemia tenía un rey, Sajonia tenía un duque, Brandenburgo tenía su marqués, etc. Siete de estos poderosos príncipes elegían un emperador que tenía lazos de sangre con su antecesor. El Papa en Roma era quien generalmente coronaba a los emperadores y, en gran parte de la historia temprana del imperio, el mismo Papa podía vetar la elección de un emperador. Todo eso contribuía para un clima político muy complicado y las peleas por el poder eran comunes entre el emperador, la nobleza y el clero.
La Juive está ambientada en Constanza en la época del Concilio de Constanza. Compuesto por importantes autoridades eclesiásticas, además de escribas, el concilio detenía el poder para hacer importantes decisiones políticas y religiosas que repercutían en toda Europa. La más importante de esas decisiones fue la resolución del denominado Cisma del Occidente. En la época, tres papas distintos, apoyados por diferentes facciones, mantenían foro en ciudades distintas. Nadie podía concordar en cuál era el papa legítimo y cada uno de los papas había excomulgado a los otros. Desesperado para resolver la crisis, el Concilio de Constanza pidió que los tres papas abdicasen de su posición. Dos de ellos concordaron, en tanto que el tercero huyó para una isla inaccesible donde murió reivindicando su derecho papal.
Otra decisión importante fue cuidarse de la amenaza del reformador checo Jan (Juan) Hus, un libre pensador al cual la mezcla de nuevas ideas religiosas, el criticismo de la Iglesia Católica y el nacionalismo bohemio le consiguieron un gran número de seguidores. La iglesia que creó (La Iglesia Husita) era similar en muchas características a aquella que Martín Lutero fundaría cien años después. El Concilio juzgó a Hus y lo condenó por herejía; quemándolo en la hoguera. Su muerte lo convirtió en héroe patrio y mártir para muchos seguidores bohemios, quienes se negaron a alterar sus prácticas y opiniones. Los husitas eran considerados herejes y la iglesia los excomulgó. Desde 1420 hasta 1433, fueron realizadas varias campañas militares contra la iglesia renegada, conocidas colectivamente como las guerras husitas.
Los cristianos y los judíos durante la época de La Juive
La ley que, en la ópera La Juive, mantiene separados a Léopold y a Rachel, existió de verdad. Para cristianos y judíos, tener relaciones sexuales estaba prohibido bajo pena de muerte: generalmente se los quemaba en la hoguera. El justificativo frecuente era la protección de la fe cristiana, ya que se temía que un cristiano, al enamorase de un judío, se tornase un hereje. Para asegurarse de que judíos y cristianos no crearan lazos, los judíos tenían que utilizar una vestimenta especial que los diferenciaba de la población cristiana. Algunos historiadores ven este facto como una señal de que las dos comunidades, que interactuaban diariamente, tenían inclinación a mezclarse.
En el siglo XV, la riqueza de los judíos germánicos estaba en paulatino proceso de decadencia. Durante la Oscuridad de la Edad Media, la clase judaica generalmente figuraba entre los ciudadanos más educados y capacitados de las ciudades alemanas. Al contrario del resto de la población, éstos eran generalmente alfabetizados, tenían amplias referencias y conocimientos básicos de economía. En un mundo de granjeros, ellos eran los prestamistas y cambistas, mercaderes y comerciantes. En verdad, en el período carolingio (relativo a la dinastía de Carlomagno), la población repetidamente utilizaba las palabras “judío” y “mercader” como sinónimos. Los judíos tenían básicamente los mismos derechos que los otros miembros de la comunidad, además de algunos derechos colectivos, como la autoridad para mantener sus propios foros religiosos y cívicos. Sin embargo, no tenían derecho a la portación de armas ni a la participación en la vida cívica, a los cuales sí tenía derecho el resto de la población.
Cuando los cristianos empezaron a participar en profesiones consideradas “judaicas” y a sobresalir — en especial el préstamo de dinero, que en principio era prohibido por la iglesia —, a los judíos se los fue desconectando gradualmente de sus esferas económicas. Perdiendo importancia en las comunidades medievales, perderían su dinero y su prestigio y empezarían a ser vistos como parias sociales. Sin poder mantener su trabajo como prestamistas, se tornaban cambistas, vendedores de mercancías usadas y, eventualmente, vendedores ambulantes. Esta caída económica — juntamente con la peste bubónica, con rumores de que los judíos realizaban sacrificios humanos y profanaban hostias, más las Cruzadas y otros factores — contribuyó para la creación del sentimiento antisemita a fin de la Edad Media. En la mitad del siglo XV, muchas ciudades en el Sacro Imperio Romano — Viena y Colonia, entre otras — expulsaron a los judíos que habitaban en ellas. Los judíos empezaron entonces a dirigirse hacia el este en dirección a Polonia, donde existían mejores oportunidades económicas. En el año 1500, Polonia fue considerada el lugar más seguro para judíos en Europa, además de convertirse en el nuevo corazón de la comunidad judaica asquenazí.
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